13 de agosto de 2018

Deseos (Grace Paley)

Hace poco más de un año me acerqué por primera vez a los Cuentos de E. Hemingway y descubrí que entre sus mejores obras están los relatos más breves: Gato bajo la lluvia (1925), Colinas como elefantes blancos (1927) y El viejo en el puente (1938). Desde entonces, aprecio mucho más a quienes son capaces de expresar tanto en muy poco espacio, de crear historias, mínimas en lo externo pero amplias en significados, que se quedan rondando en la memoria días después de leerlas... Ahora, como efecto colateral e indeseado, sospecho de quienes parecen necesitar cientos de páginas o incluso varios volúmenes para expresar algo. Qué le voy a hacer.


Como su compatriota, Grace Paley presenta en Deseos (1974) sucesos aparentemente sin importancia -la devolución de dos novelas a la biblioteca, el encuentro casual de un antiguo matrimonio- que se convertirán para los lectores en ventanas abiertas a una realidad mucho más compleja y profunda. La autora es capaz de mostrar, en solo tres páginas, el carácter y motivaciones de los protagonistas y la dinámica de su relación durante casi treinta años.

Y si hay dos niveles de lectura en lo narrado -con el paso de la anécdota a lo general-, también el estilo esconde otras dimensiones. El relato está construido desde la oralidad, como si estuviésemos escuchando el monólogo de una ama de casa norteamericana de clase media; ella misma nos señala cómo "soy (...) conocida por mis comentarios afables". Esa sensación de informalidad se refuerza por la ausencia de guiones de diálogo, pero la apariencia superficial es muy distinta a la realidad: el relato sustituye progresivamente los comentarios sobre lo cotidiano por confesiones amargas, reflexiones inteligentes e, incluso, un tono lírico ("los pequeños sicomoros que la ciudad había plantado soñadoramente").

Entonces, ¿de qué nos habla Deseos a nosotros, convertidos en interlocutores privilegiados de  la narradora, a la que conocemos mejor que sus maridos y vecinos? Del paso del tiempo -hay referencias constantes a lo largo del relato-, de cómo lo llenamos con anhelos a veces invisibles para los demás, del modo en que nuestras expectativas nos separan y de que quien más parece desear es, a veces, el que tiene deseos más banales.

Los libros que entrega en la biblioteca actúan como una poderosa metáfora. No es casual que se trate de dos novelas de Edith Warton, una autora que criticó las convenciones sociales de su época a través de una prosa sencilla e irónica. Si ha necesitado que la acompañasen durante muchos años -lo que explica el incomprensible retraso en su devolución-, el acto de llevarlos a la "nueva biblioteca", donde la encargada "se echó a la espalda mi pasado, dejó limpio mi expediente" puede representar un primer paso hacia un cambio vital más profundo.
Quizá el impulso inicial -la contemplación de unos árboles que han crecido a la vez que sus hijos y que "habían llegado a su plenitud"- la ha permitido reconocer el fin de los lazos que la ataban, máxime cuando ni sus maridos tienen "suficiente carácter para toda una vida".

Como en varios de los cuentos de Hemingway, solo podemos especular sobre qué decisiones tomará la protagonista. En este caso, me gusta imaginar que hará como Grace Paley, una destacada activista política, defensora de los derechos civiles y comprometida feminista y pacifista. A fin de cuentas, el relato se incluye en el libro Enormes cambios en el último minuto (1974)...

Después de leer Deseos, los Cuentos completos y la recopilación de textos La importancia de no entenderlo todo han entrado ya en la lista de autoras a explorar. Con su visión ácida e irónica sobre las apariencias de una pequeña comunidad norteamericana, no dejo de pensar en que este relato podría haber sido la madre putativa de series como Desperate Housewives o Big Little Lies :-)


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